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Armonía

Progresiones de acordes: cómo avanzan las canciones

Una progresión de acordes es el orden en que los acordes van llegando y cuánto dura cada uno. Ese orden es lo que da la sensación de que la canción va hacia algún sitio, y un puñado de esos órdenes sostiene buena parte de la música grabada: por eso una canción nueva suena familiar desde la primera escucha.

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I–IV–V

Tres acordes sobre el primer, cuarto y quinto grado. Folclore, blues, rock and roll y media guitarra de reunión.

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ii–V–I

El motor del jazz. La tensión se junta en el segundo grado, se afila en el quinto y vuelve a casa en el primero.

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Blues de 12 compases

Tres acordes repartidos en doce compases con un orden fijo. No es una canción sino una forma que comparten miles de grabaciones.

Qué son las progresiones de acordes

Un acorde son varias notas sonando juntas; una progresión es el orden en que se suceden y el tiempo que ocupa cada una. La sensación de movimiento la lleva el orden: los mismos tres acordes colocados de otra manera dan otra canción, y el mismo orden bajo otra melodía sigue oyéndose como el mismo suelo.

Se escriben con números romanos en lugar de letras porque el número indica el grado dentro de la tonalidad y no un sonido fijo. I–IV–V es do–fa–sol en do mayor y sol–do–re en sol mayor: la misma relación en otra posición. Por eso un esquema escrito una vez vale para las doce tonalidades, y por eso los músicos dicen «dos cinco uno» sin nombrar acordes.

Las progresiones que conviene aprender primero

Cuatro secuencias cubren un repertorio enorme. I–IV–V es la columna del folclore, el blues y el rock. I–V–vi–IV, la famosa progresión de cuatro acordes, sostiene una parte llamativa del pop de las últimas cinco décadas. ii–V–I es la cadencia estándar del jazz y suele recorrer varias tonalidades dentro del mismo tema. Y el blues de doce compases es una forma fija más que una secuencia libre.

Otras dos se amortizan enseguida. vi–IV–I–V son los mismos cuatro acordes empezando por el menor, lo que oscurece el conjunto sin cambiar una sola nota. Y I–vi–IV–V da el sonido de las grabaciones de los años cincuenta. Con estas seis, la mayoría de las canciones que saques de oído resultarán variaciones de algo ya conocido.

De dónde salen los acordes de una tonalidad

Cada tonalidad trae su propio juego de acordes, formados apilando terceras sobre cada grado de la escala. En modo mayor salen tres acordes mayores sobre I, IV y V, tres menores sobre ii, iii y vi y uno disminuido sobre vii. Esos siete suenan en casa; cualquier otro está tomado prestado, y es justamente el préstamo lo que hace levantar la oreja.

De ahí la regla práctica al sacar canciones: reconocida la tonalidad, la elección baja de infinita a siete acordes y el resto lo decide el oído. Por eso la segunda canción cuesta menos que la primera, y por eso los cancioneros escriben «en do mayor» en lugar de enumerar acordes uno a uno.

Por qué algunas progresiones suenan tristes

El ánimo depende menos de los acordes en sí que de dónde arranca la progresión y dónde aterriza. Empezar en un acorde menor —vi–IV–I–V en vez de I–V–vi–IV— tiñe el bucle entero aunque los acordes sean idénticos. Terminar lejos de la tónica deja una pregunta abierta; terminar en ella la cierra.

Algunos movimientos tienen efecto seguro. El cuarto grado convertido en menor dentro de una tonalidad mayor, prestado del menor homónimo, es el nudo clásico bajo el último estribillo. Un bajo que desciende bajo una armonía quieta da sensación de hundimiento. Y una progresión que nunca vuelve a la tónica mantiene la canción inquieta hasta el final.

Anotar progresiones y llevarlas contigo

Para estudiar basta una hoja: la progresión en números romanos arriba, la misma escrita con acordes en dos o tres tonalidades debajo, y al lado el patrón de rasgueo. Como los números no dependen de la tonalidad, una sola página sirve para las doce, y por eso circulan tantas hojas impresas de progresiones.

Para escribir las propias, la regla es partir de un bucle de cuatro acordes y cambiar una cosa cada vez: el orden, el momento del cambio, el bajo bajo un acorde. Después conviene oírlo en lugar de razonarlo: bajo una melodía hecha, los acordes equivocados se delatan solos.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las progresiones de acordes?

El orden en que se suceden los acordes y la duración de cada uno. Se escriben en números romanos porque indican grados de la tonalidad, así que la misma progresión sirve en las doce.

¿Cuáles son las progresiones más comunes?

I–IV–V, I–V–vi–IV, ii–V–I, el blues de doce compases, vi–IV–I–V y I–vi–IV–V. Entre todas cubren buena parte del folclore, el pop, el jazz, el blues y el rock.

¿Qué es la progresión 2-5-1?

El acorde menor del segundo grado, la séptima de dominante del quinto y la vuelta al primero. Es la cadencia estándar del jazz y un tema suele atravesarla en varias tonalidades.

¿Cómo saco los acordes de una canción?

Primero la tonalidad: reduce la elección a siete acordes. Después hay que seguir el bajo, que casi siempre da la fundamental, y la progresión más probable sugiere el resto.

¿Cómo creo mi propia progresión?

Toma un bucle conocido de cuatro acordes y cambia un elemento: el orden, el momento del cambio o el bajo. Luego tócalo bajo una melodía; de oído el error aparece antes que en el papel.

Oír la progresión antes de elegirla

Abre el estudio, coloca una progresión y escúchala con bajo y melodía encima. Elegir de oído lleva minutos; elegir sobre el papel, una tarde entera.